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domingo, 4 de diciembre de 2022

LA FELICIDAD - COMO ORAR

 

la felicidad - como orar

¿QUE ES LA FELICIDAD?

Hay una cantidad considerable de fuentes y libros en la literatura mundial, en las cuales se trata, para mostrarle al humano el camino a la felicidad. Si luego uno toma esos libros prometedores en su mano y prueba de profundizarse en el contenido, entonces uno puede comprobar en la mayoría de los casos, que bajo la palabra felicidad solo se refiere a una ventaja terrenal simple ordinaria y en relación material. Sobre todo, es anhelado el objetivo para llegar a una posición, que trae consigo excepto la satisfacción de la necesidad de validez la riqueza terrenal. Con eso entonces, se alcanza el objetivo en el camino hacia la felicidad, el cual, en este caso, solo conduce hasta la medida, en que los sentidos y emociones terrenales puedan percibirlo.

Es de entender y de dar la bienvenida si un humano quiere trabajarse hacia arriba, si él tiene el afán, para crear una base segura para su existencia terrenal, sin embargo, él no ha logrado la felicidad al lograr este objetivo, esa real y verdadera felicidad, que comienza solo en el comprender y experimentar procesos espirituales y sin embargo en ello, deja disfrutar la vida en la tierra llenamente y por completo. Solo entonces si en absoluto da la posibilidad de saborear los frutos terrenales con alegría pura.

En la Creación el desarrollo siempre se pasa desde arriba hacia abajo. Por lo tanto, también la “felicidad terrenal” es solo una consecuencia de la sensación de felicidad sobre terrenal, que ya puede ser experimentado conscientemente en la tierra.

Pero no es de alcanzar ni a través del entrenamiento de la mente terrenal ni por autosugestión (auto-influyendo). Porque es falso de creer, que la fuerza de crear se sitúa en el humano mismo, de que él esta por su propia fuerza en la situación de sanarse de ambas, enfermedades como también forjarse su verdadera felicidad. Ciertamente, todos son forjadores de su propia felicidad. ¿Ahora de donde toma él, el material para forjar?

La opinión de una auto-influencia está en contradicción a Dios, quien solo es la Fuerza, de cuya radiación surgió la Creación y con ella también el humano. Ahora, la criatura “humano” después de su creación/origen puede continuar existiendo solo a través de la Fuerza que proviene de Dios. ¡Con esta comprensión, no queda nada de una auto-influencia por nuestra propia cuenta! Al contrario, respecto al hombre, es dependiente en todo de la Fuerza espiritual que fluye desde Dios a la Creación, él tiene que someterse a Ella, de lo contrario, se volverá contra él y lo paralizará.




Y esta Fuerza espiritual es el material que el humano necesita para forjar su felicidad.

 

 

 

 

En cualquier momento él puede conectarse conscientemente con Ella. La clave para ello es la sensación llena de anhelo, de dejarse atravesar completamente de esa Fuerza, de entregarse a Ella con el alma muy abierta, incondicionalmente, sin el más mínimo deseo propio. Entonces Ella fluye dentro de él en la forma más sencilla, sin que se requiera un gran esfuerzo. Por todo en este mundo, el humano ya no quiere perderse esta absorción de Fuerza consciente, si él ha reconocido, que solo el estar conectado con Ella es su mayor felicidad, donde quiera que esté, en las vastas extensiones de la Creación.

Seguramente cada uno se ha encontrado con esa Fuerza, cuando el alma ha sido despertada a través de una experiencia fuerte, ya sea un sufrimiento profundo, o una alegría grande. Entonces el alma siente por momentos la proximidad de esta Fuerza que todo lo anima, la que no llega a tomar conciencia en la vida cotidiana.

Donde esta sensación aún se esconde debajo de una fina manta, Ella puede ser despertada y animada; done Ella ya se ha despertado, el humano la puede fortalecer y dejar enardecerse aún más a través de actitudes regulares hacia la Fuerza de Dios en la oración.

Como Orar

Hay dos formas de oraciones: por un lado, la oración que surge instantáneamente de una sensación rebullente y solo después puede ponerse en palabras, y la oración, en la cual primero se compone en palabras, que luego activan retroactivamente la sensación en el espíritu, y con ello le dan a la oración aquella dirección, la cual esta querido por las palabras. Entonces existen, previamente en decir, oraciones sin palabras y oraciones con palabras. Los primeros son, más valiosos, porque en ella el espíritu puede desarrollarse libremente y sin restricciones y no está atado a las palabras, las cuales solo pueden ser formadas y registradas bajo la participación del intelecto terrenalmente encadenado, lo que trae consigo una cierta constricción de la sensación.

Al igual, durante su estancia en la materialidad, los seres humanos no pueden prescindir de la oración revestida en las palabras, porque es exactamente aquí donde el espíritu necesita las más variadas impresiones para el desarrollo más elevado, entre los cuales la oración basada en palabras se sitúa en el primer lugar. Por lo tanto, no es indiferente, qué palabras se usan en tales oraciones y cómo se juntan; Porque las palabras son algo vivo, movibles en la actuación de la Creación. ¡Como el humano las usa, las junta a frases, como él las pronuncia, de esa manera él también se forma parte de su destino!

Como más entonces cuanto más resuenan las palabras de una oración en lo más profundo del humano, cuanto mayor también está la posibilidad, por lo tanto, de forma natural a través de ello y sin crispación ni autosugestión, a despertar la sensación, la cual como una propiedad del espíritu es particularmente importante para el destino del humano.

Abd-Ru-Shin, el autor del Mensaje del Grial “En la Luz de la Verdad”, entre otras cosas, ha dado a las personas dos oraciones, (publicado por la editorial de la Fundación Mensaje del Grial), los cuales cumplen con todo a este respecto. En su forma simple y por lo tanto efectiva, hablan directamente al alma. Son una poderosa ayuda para evocar y hacer crecer ese anhelo, que es necesario para la conexión completa y completa la conexión con las ayudantes y promoviendo Rayos a partir de la Fuerza de Dios.

Que liviano tiene que hacerse alrededor de un espíritu humano, como liberado se sentirá, si él se entrega por completo a las palabras, las cuales nos están regaladas en la oración matinal:


 

¡Tuyo soy Señor!

En gratitud dedico

sólo a Ti mi vida.

Acepta este mi querer

misericordiosamente

y concédeme

también en este día

la ayuda de Tu Fuerza.

Amen

 

 

 

 

A aquel quien acoge estas palabras en sí, las vivífica, la obra del día esta bendecida, desde temprano en la mañana hasta la tarde noche. Ellas siempre sonarán en él como recordatorio suave o silencioso, en alegre felicidad. Santa Fuerza se ondea y teje en estas palabras, y aquel quien acoge estas palabras en el espíritu también la toma y la registra.

No siempre tendrá éxito por inmediato, ponerse en contacto a través de esta oración, de recibir conexión, porque depende de la profundidad de la sensación, con la cual es experimentado. Pero también cuán débil como una tal puede ser, pero en continua resucitar será ella alguna vez tan fuerte y victoriosa, que ella despejará el camino para la feliz experiencia de la maravillosa Fuerza del vital nacimiento del Creador. En ello puede también el más débil en poco tiempo desarrollarse a plena fuerza, si él no se rinde en compenetración regular de las palabras de esta oración de la mañana.

Como por la mañana y en el día, así está disponible también en la noche esa Fuerza a la conexión con el humano de la misma manera, si él la anhela. A ello le ayudara la oración de la noche:


 

«Señor,

¡Tú que reinas

sobre todos los Universos,

yo Te pido,

permíteme esta noche,

descansar al amparo

de Tú Gracia!

Amen”.

 

 

 

Reparador, refrescante y tranquilizante se convierte actuando el dormir a un humano, quien experimenta esta oración cuanto la lleva consigo al otro mundo, a un mundo de ensueño, pero el cual no es tal, sino solo aparece como tal, porque ella no puede ser percibida con sentidos terrenales. Es por eso por lo que la llamamos extrasensorial, y cada espíritu humano la puede traspasar, cuando el cerebro terrenal a través de dejarlo apagar por el sueño, entonces se queda apagado.

Respecto a eso quiere ayudar la oración de la noche. El espíritu humano puede durante el sueño entrar en contacto con varios flujos de energía de forma aún más profundo y sostenible e incluso recibir advertencias espirituales o soluciones repentinas de cualquier pregunta y problema. Así es como se muestra en realidad la calma nocturna: Solo duerme el cerebro terrenal, el intelecto; el espíritu, sin embargo, está despierto y se entrega bendecida-mente a las influencias más fuertes, si no, la actividad intelectual exagerada se vuelve perturbadora e inhibidora sobre el más allá del umbral del sueño. Pero para prevenir eso, la empatía profunda de la oración de la noche da la posibilidad.

Tales oraciones conducen al humano al manantial refrescante de agua viva, el cual solo hay que golpear, para beber de él de esta manera sanearse entonces en alma y cuerpo, por lo tanto, desde el fondo. El despertante espíritu humano puede, también el más pobre y el más débil, recibir de estas oraciones la fuerza para trabajarse hacia arriba terrenal y espiritualmente, a alturas hasta ahora nunca antes conocidas, donde él puede encontrar, lo que todos los verdaderos buscadores han anhelado hace mucho tiempo: “la felicidad más alta”, – que es equivalente con el cumplimiento de la promesa:

 

 

«¡Tuyo soy, Señor!

¡Mi vida solo deberá ser Tuya

Para el agradecimiento!

Amén «.

 

                                                           

Escrito ” Herbert Vollmann – escrito en las cercanias de Abd Ru Shin- “

Traduccion ” Michael Wirz “

jueves, 1 de diciembre de 2022

LA ORACIÓN DICHA POR JESÚS

 


La oración dada por Jesús

Así hablo Jesús a sus discípulos:

Mira, he venido para mostrarte el camino que lleva al Padre. Vengo del Amor y siempre seré el Amor que apoya a la Tierra. Te apoyo con muchos hilos invisibles para que no te caigas. Por eso vivo entre ustedes y les traigo la Palabra. Solo un pequeño número de hombres le darán la bienvenida como deseo; pero si actúan en el sentido que es mío, la Luz iluminará la Tierra antes de que llegue el fin. Ustedes deberían ser los que están más cerca de mí. ¡Oh, si solo fuera así! ¡Si entendieran mis palabras que las repito una y otra vez! Mira, no está bien que creas que ya has conquistado el cielo porque son mis discípulos. Pocos son los que están cerca del reino celestial. ¡Purifícate de todo lo que es viejo en ti!

¡Vive sin hablar mucho, guarda silencio y escucha tu voz interior para verte cómo eres!

Que tu idioma sea sencillo. Mantengan la firmeza en cada oración que pronuncien. ¡Ya sea en su idioma o no! Y cuando ores, observa el mismo mandamiento. No ores para escuchar tu voz, sino ora porque la necesita internamente. No arriesgues una oración a menos que su alma despierte, ya sea en alegría o en dolor. ¡Cualquier oración hecha en la presunción o por costumbre es un sacrilegio a Dios! ¡Que su nombre sea tan sagrado para ti que no lo pronuncies en cada ocasión!

Les diré lo que pueden pedir por oración, a lo que una palabra sería suficiente. Pero ustedes son hombres de esta Tierra y no vivirán en el Paraíso antes de conocer la Palabra.

No vayas a las calles a orar a Dios. Evita orar en público porque faltará el recuerdo. ¡Busca la habitación más tranquila donde puedas acercarte a tu Dios!

Y luego clama por la Fuerza Viva que debe penetrarte si quieres vivir. Todo viene de esta Fuerza, lo que es y lo que será. Se manifiesta en todo lo que tus ojos pueden ver y también en lo que está oculto de tus ojos. Y en la Fuerza de la Luz comenzará tu ascenso, en esta Fuerza comienza todo lo que necesitas para la vida. Pero debes saber que solo puedes darle la bienvenida cuando eres completamente puro y tu alma está abierta.

Acepta las palabras que te daré para no invocar a Dios sin ser digno:


TU ERES NUESTRO PADRE, 

QUE POR NUESTRA VIDA Y ACTOS, TU NOMBRE ESTÁ SANTIFICADO. 

EN FIEL CUMPLIMIENTO, TU VOLUNTAD ES EN EL CIELO Y AQUÍ EN LA TIERRA, PORQUE NOSOTROS LO HACEMOS TAMBIEN PARA HONRARTE.

 

DANOS NUESTRO PAN DIARIO, OLVIDA NUESTRAS OFENSAS, PORQUE HEMOS PERDONADO A TODOS LOS QUE NOS OFENDEN,

 

¡NO NOS PERMITAS EL ÉXITO EN LA TENTACIÓN, PUES ESTOY VIGILANTE DE ELLO ¡LÍBRANOS DEL MAL!

Y si oras en estos términos, no envuelvas tus palabras varias veces seguidas, creyendo que recibirás ayuda más rápida. Nunca permitas que estas consultas se conviertan en un hábito diario, son demasiado sagradas. Contienen todo lo que un hombre puede pedir.

Jesús se quedó en silencio y se fue en silencio, dejando a los discípulos perdidos en profunda meditación. 

Una intensa agitación se había apoderado de sus almas y despertado todo lo que todavía estaba en ellas. Las palabras del Maestro provocaron una profunda contracción en Judas. Por un momento se había reconocido a sí mismo. Luego maldijo a su intelecto que constantemente sugería pensamientos que lo torturaban.


 Extracto del libro: 

EL VERBO ENCARNADO

(Texto recibido de las alturas luminosas, en la comitiva de Abd-Ru-Shin, gracias al don de la clarividencia de una persona llamada a tal efecto)

EL PADRE NUESTRO


 

EL PADRE NUESTRO 

Son muy pocas las personas que tratan de darse cuenta de aquello que realmente desean obtener al pronunciar la oración del “Padrenuestro”. Menos aún son, sin embargo, aquellas que conocen el verdadero sentido de las frases que recitan. “Recitar” es probablemente la única denominación correcta de lo que el hombre llama en este caso “orar”.
Quien se examine a fondo tendrá que admitirlo, de lo contrario demuestra que pasa toda la vida del mismo modo… superficialmente, incapaz de profundizar sus pensamientos ni ahora ni antes. Hay muchos en esta Tierra que se toman en serio a sí mismos, pero que nunca, ni con la mejor voluntad, pueden ser tomados en serio por los demás.

Precisamente el comienzo de esta oración ha sido siempre mal entendido, si bien de las maneras más diversas. Aquél que trata de acercarse a esta oración con seriedad, esto es, con una cierta buena voluntad, siente ascender en él, después de pronunciar las primeras palabras o al instante de hacerlo, cierta sensación de seguridad y de sosiego espiritual. Y esta sensación perdura en él de forma predominante hasta algunos segundos después de orar.

Esto pone en evidencia dos cosas: Primeramente, que la persona que está orando no es capaz de mantener su concentración más allá de las primeras palabras, las cuales hicieron nacer en ella esa sensación. En segundo lugar, el hecho de que surja esta sensación, prueba cuán lejos se encuentra esta persona de comprender lo que está diciendo.
Claramente demuestra su incapacidad para proseguir sosteniendo pensamientos profundos, o bien, su superficialidad, pues, de no ser así, tendría que surgir a continuación otra sensación en consonancia con el distinto contenido de las nuevas palabras, siempre y cuando éstas hayan cobrado realmente vida en ella.

Así pues, sólo persiste en ella lo infundido por las primeras palabras. En cambio, si hubiese comprendido el verdadero sentido y el significado exacto de las mismas, éstas deberían haber despertado un sentimiento muy distinto al de una apacible seguridad.
Otras personas más presuntuosas ven en la palabra “Padre” la confirmación de que son descendientes directos de Dios, pensando que podrán, con un desarrollo adecuado, lograr al fin ser también divinas. Por lo pronto están convencidas de que ya llevan en sí algo divino.

 Y como ésta, existen entre los hombres muchas otras interpretaciones erróneas de esta frase.
Para la mayoría, sin embargo, la primera frase del “Padrenuestro” no es más que una simple invocación en la oración, una exclamación de llamada que no precisa profundización. De ahí, pues, que la reciten distraídamente, sin pensar que en la invocación a Dios se debería concentrar justamente todo el fervor que el hombre sea capaz de sentir en su alma.

Pero no es eso lo que quiere decir esta frase inicial, no es ese su significado, pues el Hijo de Dios, al elegir las palabras, dio la explicación o la indicación de cómo ha de proceder el alma humana al orar, de qué manera puede y debe presentarse ante su Dios para que sea escuchada su oración. Esta frase dice claramente cuál ha de ser su condición en ese momento, cómo debe de ser el estado de pureza del alma al acercarse con sus súplicas a las gradas del Trono de Dios.

Así, la oración, considerada como un todo, se divide en tres partes: La primera es la ofrenda completa del alma a Dios. Dicho en forma de imágenes, ésta se despliega como un libro abierto ante su Dios, antes de exponerle su súplica, dando previamente testimonio de la pureza de su voluntad.
De esta manera, el Hijo de Dios quiere poner en claro cuál es el único sentimiento que puede servir de base para aproximarse a Dios. Es por eso que el comienzo de la oración resuena como una gran promesa solemne y sagrada: “¡PADRE NUESTRO QUE ESTÁS EN EL CIELO!”

Tened presente que una oración no es lo mismo que una súplica. Si así fuera, la acción de gracias no sería una oración, ya que no contiene súplica alguna. Orar no es suplicar. Y siempre en este punto ha sido mal entendido el “Padrenuestro”, como consecuencia de la mala costumbre que tiene el hombre de no acercarse a Dios si no es contando con recibir de Él algún favor, o tal vez, para exigírselo. Y, de hecho, ¡el hombre siempre cuenta con algo, esto no lo puede negar! Aunque sólo sea – resumiéndolo en pocas palabras – la vaga esperanza de obtener algún día un puesto en el cielo.

El hombre no conoce una gratitud llena de júbilo, en alegre disfrute de la existencia consciente que le fue otorgada, cooperando en la grandiosa Creación para beneficio de todo lo que le rodea, así como Dios quiere y tiene derecho a esperar de él. Tampoco presiente, que sólo esto y nada más que esto encierra su verdadero bienestar y su progreso, su ascensión.

Sobre esta base establecida según la Voluntad de Dios, reposa verdaderamente la oración del “Padrenuestro”. El Hijo de Dios no pudo darla de otra forma, pues sólo quiso el provecho del hombre, provecho que, a su vez, se basa solamente en la observación y el cumplimiento justo de la Voluntad Divina.
Así vemos que la oración que él nos legó no es una simple súplica, sino una gran promesa amplia y sublime por parte del hombre, el cual se postra así a los pies de su Dios. Jesús la dio a sus discípulos que, en aquel entonces, estaban dispuestos a vivir en la más pura adoración a Dios, y a servirle en la Creación en el transcurso de su vida, honrando así Su Santa Voluntad.

Por consiguiente, el hombre debería reflexionar detenidamente si puede atreverse a emplear y a pronunciar esta oración. Tendría que examinarse seriamente para saber, si acaso, al pronunciarla, no está mintiendo a su Dios.
Las frases de introducción exhortan claramente a que cada uno se examine, para saber si, realmente es él, tal cual consta en la oración que pronuncia y si se acerca con sus palabras sin falsedad ante el Trono de Dios.

Si dejáis que las tres primeras frases de la oración cobren vida en vosotros, ellas os conducirán ante las gradas del Trono de Dios. Ellas constituyen el camino a seguir, en cuanto cobren vida en el alma. Ningún otro camino lleva a dicha meta, sin embargo, éste lo hace con seguridad. Pero si estas oraciones no son realmente vividas, es imposible que alcancen este destino.

Cuando oséis decir: “Padre nuestro que estás en el cielo”, que sea una exclamación llena de entrega y, no obstante, rebosante de júbilo.
En esta exclamación yace vuestra sincera y solemne afirmación: “Te doy a ti, ¡oh Dios!, todos los derechos de un padre, a los cuales me someto humildemente, con la inocencia de un niño. Asimismo reconozco
Tu suprema Sabiduría en todos Tus decretos, y Te ruego disponer de mí como lo hace un padre con sus hijos. Heme aquí, Señor, dispuesto a escucharte y a obedecerte con la pureza de un niño.”

La Segunda frase: “¡SANTIFICADO SEA TU NOMBRE!”
Para el alma en oración, esta es la afirmación de lo serio que es para ella todo lo que se atreve a decir a Dios, de que pone todo su sentimiento en las palabras y en los pensamientos y de que no usa en vano el nombre de Dios, con superficialidad, puesto que el nombre de Dios es demasiado sagrado para ella.
¡Reflexionad, vosotros los que oráis, acerca de cuál es la promesa que ofrecéis! Si queréis ser completamente sinceros con vosotros mismos, tendréis que confesar, ¡oh hombres!, que al pronunciar esta oración habéis mentido a Dios descaradamente, puesto que nunca habéis orado con toda la seriedad profunda que el Hijo de Dios pone como condición en estas palabras.

La tercera frase: “¡VENGA A NOSOTROS TU REINO!” tampoco es una súplica, sino otra promesa. Es una declaración de que el alma está dispuesta a actuar de tal manera, que, a través de ella, llegue a ser todo en la Tierra tal y como lo es en el Reino de Dios.

De ahí la palabra: “¡Venga a nosotros Tu Reino!” Esto quiere decir: Nosotros los hombres queremos hacer lo posible en la Tierra para que Tu Reino de perfección se pueda extender hasta aquí. Tenemos el deber de preparar el terreno a fin de que todo viva únicamente en Tu sagrada Voluntad, en absoluto cumplimiento de las Leyes impuestas por Ti en la Creación, para que todo suceda tal como acontece en Tu Reino, en el Reino espiritual, en donde moran los espíritus maduros, libres de toda culpa y de todo peso y entregados por completo al servicio de la Voluntad divina, ya que el bien no puede nacer más que del cumplimiento incondicional de aquella Voluntad, gracias a la perfección que le es inherente. Se trata, pues, de una promesa de querer proceder de tal manera que, por obra de las almas humanas, llegue también la Tierra a ser un reino en el que se cumpla la Voluntad de Dios.

Este testimonio está reforzado aún por la frase que sigue: “¡HÁGASE TU VOLUNTAD ASÍ EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO!”

Esta no es solamente la declaración de que el hombre está dispuesto a someterse por completo a la Voluntad Divina, sino también incluye la promesa de interesarse por ella, de poner todo lo que esté de su parte para reconocerla. Esta dedicación ha de preceder al hecho de acatar dicha Voluntad, porque mientras el hombre no la conozca perfectamente, no podrá enderezar en este sentido su intuición, sus pensamientos, sus palabras y sus acciones.

¡Que tremendo descuido digno de castigo es, para cada ser humano, el hacer continuamente estas promesas a su Dios, cuando, en realidad, no se preocupa en absoluto de reconocer la naturaleza de la Voluntad Divina anclada firmemente en la Creación! En efecto, el hombre miente con todas y cada una de las palabras de la oración, cada vez que se atreve a pronunciarlas. ¡Ante Dios es un hipócrita! Acumula continuamente nuevas deudas encima de las viejas y, al final, se cree todavía digno de piedad, cuando en el más allá, en el plano de la materialidad etérea, tiene que hundirse por obligación bajo este peso.

Una vez cumplidas verdaderamente las condiciones previas contenidas en estas frases, podrá continuar diciendo:
“¡EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA DÁNOSLE HOY!”

Esto equivale a decir: “Cuando haya cumplido lo que prometí ser, extiende Tu Bendición sobre mi actividad terrenal, para que, mientras me dedico a mis necesidades materiales, tenga siempre presente vivir según Tu Voluntad.”

“¡Y PERDÓNANOS NUESTRAS DEUDAS ASÍ COMO NOSOTROS PERDONAMOS A NUESTROS DEUDORES!”

Esta frase implica el conocimiento del justo e insobornable efecto recíproco de las Leyes espirituales que reflejan la Voluntad de Dios. El alma humana expresa al mismo tiempo su plena confianza en estas Leyes; pues la petición de perdón, el ruego de ser eximido de una culpa, tiene como condición, que el alma humana haya perdonado previamente a su prójimo todas las injusticias que éste le ocasionó.

Aquel que sea capaz de ello, que ya haya perdonado todo a su prójimo, habrá llegado a un grado tal de pureza espiritual, que no cometerá nunca intencionadamente injusticia alguna. De este modo, queda libre de sus deudas ante Dios, porque ante Él, sólo un acto realizado deliberadamente con intención de causar el mal es considerado como una deuda. Hay una diferencia enorme en esto, si se compara con las leyes humanas y las concepciones terrenales actualmente vigentes.
Por lo tanto, también esta frase encierra, como fundamento, una promesa que toda alma aspirante a la Luz hace ante su Dios. El alma expresa con ello su verdadero deseo; profundizando y volviéndose consciente de sí misma, ella espera obtener a través de la oración la fuerza para el cumplimiento de ese deseo, fuerza que le será dada por Ley del efecto recíproco, siempre y cuando su actitud sea justa.

“¡Y NO NOS DEJES CAER EN LA TENTACIÓN!”
El hombre comete un error si deduce de estas palabras que Dios puede tentarle. ¡Dios no tienta a nadie! En este caso se trata solamente de una transmisión dudosa, en la que por un desacierto se escogió la palabra “tentación”. En su verdadero sentido, debe ser considerado este concepto como sinónimo de desorientarse o extraviarse, perder el camino, tomar una falsa dirección en la búsqueda del camino hacia la Luz.
Quiere decir tanto como: “No nos dejes ir por caminos errados, ni emprender la búsqueda en una dirección falsa, no nos dejes perder el tiempo en la ociosidad o en inútiles ocupaciones. Antes bien, de ser necesario, impídenoslo por la fuerza, aunque ello nos cause dolor y sufrimiento”.

Por otra parte, el hombre debería llegar a presentir este significado en base al contenido de la frase complementaria que pertenece directamente a lo antedicho: “¡MAS LÍBRANOS DEL MAL!”
La palabra “mas” indica con suficiente claridad que ambas frases están relacionadas mutuamente. El sentido es sinónimo de: “Déjanos reconocer el mal, al precio que sea, aún al precio del sufrimiento. Haz que, por Tus efectos retroactivos, seamos capaces de ello cada vez que erremos”. ¡En el reconocimiento está también la salvación para aquellos que tienen buena voluntad!

Así termina la segunda parte, el diálogo con Dios. La tercera parte es la conclusión: “¡PORQUE TUYO ES EL REINO, EL PODER Y LA GLORIA POR TODOS LOS SIGLOS! ¡AMEN!”

Una confesión llena de júbilo, al sentirse el alma protegida por la Omnipotencia de Dios, cuando cumple con todas las promesas que ella depositó a los pies del Creador.
Esta oración, legada por el Hijo de Dios consta, por consiguiente, de dos partes: la introducción de acercamiento a Dios y el diálogo. A esto añadió Lutero finalmente el testimonio lleno de júbilo por la certeza de recibir la ayuda para obtener todo lo que contiene la oración, y por la fuerza otorgada para cumplir lo que el alma prometió a Dios. Tal cumplimiento tiene que elevar el alma hacia el Reino de Dios, hacia el país de la felicidad eterna y de la Luz.

Con esto el Padrenuestro, si es vivido realmente, servirá de apoyo, de soporte para la ascensión al Reino espiritual.
El hombre no ha de olvidar que, en principio, sólo debe buscar en una oración la fuerza para poder realizar por sí mismo todo cuanto ruega que se le conceda. ¡Así ha de orar! ¡Y éste es el sentido con que el Hijo de Dios entregó esta oración a sus discípulos!

Abd Ru Shin


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