04. SIERVOS DE DIOS
SIN FUNDAMENTO NINGUNO, muchos hombres
han venido suponiendo hasta el momento, que los servidores de iglesias, templos
y, en general, de todos los cultos religiosos, deben ser considerados también
como siervos de Dios.
Este concepto fue extendido, en la época del comienzo
y edificación de los cultos de toda clase, por los oficiantes de esos mismos
cultos, procurando rodearse así de un prestigio que habría resultado difícil de
conseguir personalmente. Y ese concepto ha persistido sin que nadie haya
tratado nunca de poner en claro si el mismo implicaba, en lugar de beneficios,
daños para la humanidad y, lo más fundamental, un desconocimiento de Dios.
Un hombre que se mantenga en la creación con espíritu
despierto y no se cierre a las delicadas vibraciones de su alma, nunca admitirá
como cierto que se sirva verdaderamente al inmenso Dios vivo mediante la
práctica de cultos, con la mendicidad que los hombres llaman “orar”, o por
medio de mortificaciones. ¡Con eso no dais
nada a vuestro Dios! No Le ofrecéis nada. ¿Qué pretendéis, en realidad, con
semejantes cosas? Vosotros mismos no acertaréis a responder a esto cuando os
halléis ante el tribunal de Dios. Permaneceréis mudos; pues todo eso lo habéis
hecho solamente para vosotros, para vuestra tranquilidad interior y vuestro
ensalzamiento, o bien impulsados por la desesperación, por necesidad.
Yo os digo: sólo el
hombre que se comporta debidamente en la creación de su Dios,
reconociéndose a sí mismo como una parte de esa creación y viviendo en consecuencia, es un verdadero siervo de Dios, sin
importar de qué manera procede para satisfacer las necesidades de su existencia
terrenal; pues, como parte de la creación, siempre procurará adaptarse también
a las leyes que fomentan la evolución de ésta. De este modo, da impulso a la misma
creación y sirve verdaderamente a su Dios de la única manera que cabe; pues ese
justo sometimiento no puede ser causa sino
de felicidad, alegría y desarrollo progresivo.
Pero, como es evidente,
para eso precisa conocer la creación.
¡Y eso es lo que vosotros necesitáis!: conocer la Voluntad de Dios que reposa
en la creación y allí se manifiesta continuamente de manera automática. Pero
esto es, precisamente, de lo que nunca os habéis ocupado como es debido. Y sin
embargo, no os sucede de distinta índole que si os encontraseis en medio de un
inmenso mecanismo, dentro del cual hubieseis de moveros sin poder modificar o
perfeccionar nunca nada.
Si no os movéis ni os comportáis correctamente dentro de él, os amenazará el peligro por todas
partes, seréis empujados, incluso podéis ser derribados y destrozados.
Exactamente igual que en una gigantesca sala de máquinas, donde innumerables
correas de transmisión en movimiento continuo se cruzan entre sí turbando la
vista y amenazando gravemente, a cada paso, a todo inexperto, siendo de
utilidad y provecho para el entendido. No es diferente lo que le sucede al hombre
en la creación.
¡Tratad de una vez de conocer perfectamente el
mecanismo! Entonces, podréis y deberéis emplearlo para vuestra felicidad. Pero,
como en todas las cosas, primero tenéis que hacer de aprendices. A tal
respecto, la más grande de todas las obras: la creación, no constituye una
excepción, sino que en ella sucede exactamente lo mismo que en las obras
humanas. El propio automóvil no proporciona más que alegría al entendido. En cambio, al que no sabe
conducirlo le arrastra a la muerte.
En escala reducida, tenéis miles y miles de ejemplos
a vuestra disposición. ¿Por qué, entonces, aún no habéis sacado enseñanza
ninguna de ellos?
Y sin embargo, todo resulta natural y fácil de
constatar. Pero ahí es, precisamente, donde vosotros os encontráis como ante un
muro, apáticos, indiferentes, con una obstinación francamente inexplicable.
¡Precisamente ahí donde, al fin y al cabo, está en juego vuestra vida, vuestra
existencia entera!
Únicamente el mismo constructor puede explicaros un
mecanismo, o aquel a quien él haya
instruido a tal fin. Tal acontece en la Tierra, y no de otro modo en la
creación. Pero es aquí, precisamente, donde los hombres, que no son sino una
parte de la creación, pretenden saberlo todo por sí solos mejor que el Maestro,
rehúsan toda indicación para el empleo del mecanismo, quieren aprender por sí
mismos las leyes fundamentales, que tratan de determinar mediante la simple
observación superficial de muy débiles ramificaciones del gran Todo, de lo
esencial, cuya existencia han sido siempre incapaces de presentir, por cuanto nunca puede hablarse de “saber”.
Más he aquí que la posibilidad de un conocimiento ya
os ha sido ofrecida por el Hijo de Dios, que trató de proporcionároslo mediante
parábolas y ejemplos.
Pero su contenido no fue reconocido, sino
terriblemente deformado, obscurecido y encubierto por la pretensión humana de
saberlo todo mejor.
Nuevamente se os ofrece ahora una oportunidad de ver
claramente las leyes divinas en la creación, a fin de que los hombres puedan
llegar a ser verdaderos siervos de Dios, plenamente conscientes y actuando
gozosa y serenamente, como exige el verdadero servir a Dios.
Alegría y felicidad
pueden existir en toda la creación. La miseria, la necesidad, las enfermedades
y los crímenes han sido creados por vosotros solos, ¡oh hombres!, porque, hasta
hoy, no habéis querido reconocer
dónde reside la formidable potencia que os fue concedida al iniciar el camino a
través de todos los mundos que, según vuestro deseo, habéis de recorrer
íntegramente con vistas a vuestra evolución.
¡Basta con que adoptéis la postura adecuada!
Entonces, esa fuerza infundirá en vosotros rayos de sol y de felicidad. Ahora
os veis desamparados e insignificantes en medio de ese mecanismo que todo lo
abarca; mas seguís profiriendo altisonantes palabras, ufanándoos de vosotros
mismos y de vuestro saber, hasta que, finalmente, seáis obligados a caer por
vuestras propias faltas, nacidas únicamente de la ignorancia y de no querer
aprender.
¡Despertad de una vez! Aprended primero, para luego adquirir el saber; pues, sino, nunca lo conseguiréis.
A los ojos del Creador, ya sois mucho menos que un
insecto, pues éste cumple fielmente el fin que se le ha asignado, mientras que
vosotros habéis fracasado como espíritus humanos. Habéis fracasado por un
pretendido saber que no es tal. Las escuelas que habéis erigido tomando como
base ese falso saber, son cadenas que os mantienen fuertemente atados,
impidiendo toda ascensión espiritual nada más intentarlo, pues ni siquiera
vuestros discípulos son capaces de
emprenderla.
Dad gracias al Señor de que os prive forzosamente de
la posibilidad de proseguir una existencia tan vacía y absolutamente dañina
para todo; si no, nunca llegaríais a constatar el envilecimiento que os rodea
por todas partes hoy día, y que ha de haceros parecer en toda la creación como
vacíos muñecos grotescamente ataviados, que llevan en sí espíritus adormecidos.
* * *
EN LA LUZ DE LA VERDAD
MENSAJE DEL GRIAL
por Abd-ru-shin
* * *
Traducido de la edición original en alemán: Im lichte der
Wahrheit – Gralsbotschaft. Esta obra está disponible en 15 idiomas:
español, inglés, francés, italiano, portugués, holandés, ruso, rumano, checo, eslovaco, polaco, húngaro, árabe y estonio
No hay comentarios.:
Publicar un comentario